5.02.2010

botánica

Entonces pasó: el momento en el que él me regalaba el fruto de una planta. Pero no fue una flor, no. A mí el único hombre que alguna vez me regaló una flor fue padre. Y ojo! Que yo no creo que sea una banalidad regalar flores. Siempre y cuando no me des un clavel, está todo bien. Pero a los hombres no les da por regalarme flores, nunca. Y esta vez… esta vez tampoco fue una flor, no. Fue una hoja de un árbol de esos árboles enormes que están por la calle. Fue una hoja muy verde, saturadísimo el verde de la hoja. Fue en el auto, esperando que pase el tren. Fue bajar la ventanilla y arrancarla. Fue tu regalo. Fue una hoja y las instrucciones para su cuidado: “cubrila con papel de diario y ponela adentro de un libro pesado”. Cumplí, la hoja descansa en la “Revista del trabajo número 4” –bodoque de sociología laboral si los hay- envuelta en una hoja del suplemento Mujer de no sé qué diario. Y hoy le conté, que ya había puesto a secar la hoja y él me dijo que entre mañana y pasado tengo que cambiar el diario, porque va a estar húmedo y con hongos. Lo voy a hacer, claro. La voy a cuidar. Como si un ramito de fresias se tratara, como a un ramito de fresias al cual le tengo que cambiar el agua voy a cuidar a mi hoja verde de felicidad.


4 comentarios:

macanudas* dijo...

pau pide que escribamos, yo le hago caso.
y a mili y cel les digo, que esto no lo bajo. en este blog ya no pasan cosas raras

(o sí. no se)

puchi dijo...

pau yo? pau pu?
quien confundio al anonimo con pu?

bueno igual si es para leer breves relatos tan lindos como este, confundanme todo lo que quieran!!

queee lindddddda la barrera del tren

era como verlos mirá...

Mar dijo...

...así que la felicidad era verde...

;)

macanudas* dijo...

un poco de verde entre tanto gris

Datos personales

Argentina
para que sepas, y leas, y veas y sientas