Al llegar, la abríamos y su salchicha estaba muerto.
10.14.2012
soñé que
nos encontrábamos para ir a ver a La Renga, con nuestras remeras haciendo juego, de esas negras de la adolescencia.Yo iba con mi novio, vos con el tuyo
(¿tendrás?). Caminabamos por adrogué -obvio no se parecía a adrogué-, y llevábamos
unos perros salchichas chiquititos. Los poníamos en tuppers con agua caliente
para que crezcan. Oli le ponía la
tapa al suyo.
10.12.2012
según él
con la colaboración de Nicolás Oyuela
Las aventuras de
Alef-Thau, segunda parte.
El bar que no parece un lugar en donde uno pasa y dice: “Acá
se tira el tarot, o pasa algo o acá andan en una!” Vinimos la semana pasada
porque Jodorwsky tira el tarot todos los miércoles, a las 16 hs parece.
Vinimos tarde,
eran como las 21.30 hs y el lugar no se encontraba fácil. Es por Gard de Lyon,
pero el nombre del bar no era el que sabíamos que se llamaba. Todo está
envuelto en algo misterioso. Nos dijeron que volvamos el miércoles de la semana
próxima, a las 16, esa era la hora!
Y acá estamos.
Entramos otra vez, un poco antes de las cuatro. Yo hubiese
querido llegar antes. Venir con tiempo. No son muchos los miércoles que nos
quedan para “esto”. Así que nos peleamos un poco antes de llegar hasta acá.
Nos dijeron, siéntense. Y nos señalaron la mesa pegada a un
pibe leyendo (algo de Pessoa). Quisimos separarla para no incomodarlo, pero el
mozo volvió a pegarla “Los miércoles es así, todos por todos lados”
Confirmado: hoy viene el tarotista. Porque puede que no
venga eh, capaz que uno va, espera desde las tres de la tarde y no pasa nada.
Pero quien vendría hoy no es Jodo, sino un discípulo de él. Así que pasan la ensaladera blanca, y
ahí uno tira en un papelito escrito su nombre y apellido. Como los arcanos del mazo,
sólo se sacan 22 nombres. Y no hay tu tía! Porque el de al lado mío se vino
desde Italia sólo para eso: “Y, estoy desde hace como un mes acá” El miércoles
pasado dijo que fue para leer, porque el pobre no entró en el grupo de los
veintidós.
¡Estaba seguro que iba a pasar! Probablemente estaba escrito, predecido por alguna carta. Yo
era el que había averiguado sobre esto. El que siempre se interesó por estas
cuestiones. El que insistió en ir, en no dejar pasar mas tiempo.
Pero en algún lado (si alguien sabe donde, por favor que lo
diga, hágamelo saber! Quiero llegar ahí y fecundar un virus transportado por mi
propio cuerpo si es necesario para generar una peste fulminante!), pero en
algún lado estaba escrito que mi función era la de simplemente hacer llegar a
otra persona a través de mi hacia esa mesa. En los archivos del universo, en
donde esta escrita mi vida, dice: “ el 10 de octubre del año 2012 la acompañará a el bar “Le Téméraire” y será solo puente de conexión, de
unión, sin cumplir mas que aquel rol que le fue destinado para el miércoles:
acompañante”.
Yo también me leí entero la segunda parte de El mundo de Alef-Thau ese día. Y no solo
eso, también tuve que ser espectador de cómo otro individuo que además de haber
sido seleccionado, se acerco a nuestra mesa y le ofreció hablándole en francés
a mi novia una sesión de masajes tailandés, que yo traduje como “vos te sacas
la ropa y yo te franeleo un rato” Después de haberme enfriado me di cuenta que
por los jeans que tenia puestos y las zapatillas de suela gigante y muchos
colores fluors, solo podía seducir a la paciente ciega que Pablo, mi amigo,
hizo de acompañante terapéutico el año pasado y que había logrado impresionarme
pero que prefiero no seguir describiendo.
El miércoles que viene sin duda voy por la tercera parte de El mundo de Alef-Thau!
10.11.2012
Café Le Téméraire
Dieciséis horas de un octubre que no se anima al
frío; en Paris: un café. De esos de esquina, con mesas en la vereda y sillas mirando más afuera que adentro.
Una chica toma café. Lo termina y se levanta.
Lleva una pollera larga hasta los tobillos que permite ver que usa borsegos.
Trenza y remera de flores, intenta irse, pero el mozo le dice que tiene que
pagar. Ella lo mira y le dice : si
quiere puede llamar a la policía.
Y con esa frase, se va.
En una mesa, el primero: vamos a ponerle J. J
tiene los pelos despeinados, largos hasta los hombros. Una mandíbula que dibuja
una sonrisa gigante y dientuda. Lee en una mesa un libro de Fernando Pessoa, porque
tiene ganas, sí, pero también porque lo hace sentir mas interesante. Viste un
saco beige, entre moderno y antiguo, que le da un look intelectual.
En frente, pero en el mismo café, el segundo: P.
P
no lee, P solo toma té, fuma y mira con ojos grandes y de manera fija, a todo y
a todos.
Se levanta y lentamente, pero con decisión, se
acerca a la mesa de J.
P: ¿Vos… sos italiano?
J: Sí, ¿vos también?
P: Claro, ¿me puedo sentar?
Y antes de terminar la frase, la mudanza estaba hecha.
Como buenos italianos en pocos minutos se
convirtieron en viejos amigos. Hablaron de sus lugares de referencia y sus respectivas profesiones: J es de Torino y es ingeniero -cosa que ya no le agrada-
P, de Roma y es músico. Comentaron sobre sus casas prestadas en Paris, sobre el asma de P y el
trabajo de J.
Muy cerquita de su mesa, otra. “Los miércoles es
así”, dijo el mozo, cuando intentaron separarlas. Sentada había una pareja, los
dos escribían, no se hablaban. A J y a P esta situación les llamo la atención. Se rieron de la probable poca
comunicación entre él y ella.
Todos
esperaban, el ambiente estaba cargado, de nervios y ansiedad. En pocos momentos estaba por llegar Jodorowsky, quien
no satisfecho con su carrera de escritor
, director
teatral, director de
cine, guionista
de cine, actor, mimo, marionetista, compositor de bandas sonoras, escultor, pintor y escenógrafo guionista de
cómics, dibujante,
psicoterapeuta y psicomago,
decide sentarse
todos los miércoles del mes en ese café y leer las cartas de tarot a los posibles interesados. Y todo esto,
gratis.
Pero ella no sólo escribe. De repente saca un
lápiz y comienza a hacer un dibujo de otro de los comensales del café. Piensa que puede utilizarlo para su próxima historieta.
El hombre se acerca a la chica, le dice algo en
francés que ella no logra entender. Lo repite en inglés, sin éxito, pero todos
escuchan que es su cumpleaños, que él le pide ese dibujo a cambio de unos
masajes. Hacer masajes es su trabajo y le ofrece una sesión gratuita si le
regala su diseño. Ella lo piensa, pero mira la cara de su pareja y se decide por no realizar el trueque.
Mientras tanto, un viejo se acerca al novio. Le
dice cosas, muchas cosas. Algo sobre sus anteojos y los químicos. El novio no
entiende, y los mozos, con cara de: "otra vez vos", lo echan a la calle.
P le cuenta a J que él vino de Roma a Paris para
tener ese encuentro con aquel famoso tarotista. Lo admira y esta dispuesto a estirar su estadía hasta poder
hablar con él. Pero de repente el mozo anuncia que hoy no viene el famoso,
sino aquel italiano, su discípulo.
P mira decepcionado y le dice bajito a J que el miércoles
que viene va a volver. Va a volver hasta conseguirlo.
Ya son las 5, y por fin, el sorteo. Todos escriben
sus nombres en papeles, pero solo veintidós van a ser seleccionados.
Veintidós, como la cantidad de arcanos
del tarot.
J sale sorteado, en el número 8. El don discípulo llega,
vestido de negro en combinación con sus antejos, su bolso y zapatos. Sí, es
italiano, su pinta lo confirma, y viene acompañado de otros tres seres extraños.
Entre
cafés y cigarrillos van pasando los números, las personas, las preguntas. El 7
es de una chica de unos veinte años, es española, pero cuenta con una amiga que
hace las veces de su traductora. Pregunta algo sobre una foto del Facebook. J esta
atento a la situación, pero no logra escuchar bien porque esta lejos. El
tarotista le recomiendo una “acto psicomagico” , que incluye sobres, manos de
maniquíes y fotos. Ella se va llorando.
-
El siguiente: número ocho
J se levanta entre temeroso y decido, pregunta en vos bajita.
Tira las cartas, escucha atento las respuestas. Y
se va.
Es el turno de P , lo saluda: - Hasta el miércoles
que viene, entonces
J: no, por las dudas no me esperes.
Yo insisto en querer escribir ficción.
Sin embargo la realidad es siempre más interesante.
10.09.2012
diario de viaje
En Paris, las plazas más que pasto tienen piedritas.
Betsavé, la profesora de francés, dice que Paris es una ciudad diseñada para ser vista con lluvia.
Y yo, le creo.
...
Sabía que era cuestión de un tiempito no más.
Esa sensación de extrañeza y extranjeridad no podía durar más uno o dos días. Yo lo sabía.
Sabía que en breve ese lugar ahora tan ajeno, iba a ser mi (nuestra) casa, mi lugar, que iba a tener mis colores y que el solo hecho de imaginar dejarla me iba resultar triste y difícil.
Pero todo esto que sabía mi mente, no lo podía entender mi pecho en ese momento.
Le dije a nico que saquemos todos nuestras cosas. Sí, aunque sean las doce.
Y que sea la útlima vez que llegamos a un lugar de noche.
...
Pletzl, el barrio judío.
Al lado, el barrio gay.
Quartier latin,
el barrio chino
y la pequeñ india.
Dosmildoce y cuándo vamos a enteder que todos somos diferentes, pero también iguales
Tal vez será que vivir entre los conocidos es más fácil
¿y si nos mezclamos?
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